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Existe una gran cantidad de mitos y creencias en torno a los huevos de gallina, y no todos son verdaderos. De hecho, muchas cosas de las que la gente piensa sobre comer huevos y cómo afectan a la salud, son completamente falsas. Por eso, hoy queremos desmontar algunos mitos y resolver todas las dudas posibles sobre este alimento tan importante para nuestra dieta.

Cuando vamos a comprar huevos nos encontramos que, desde enero de 2004 todos ellos vienen marcados con un código alfanumérico y, desde enero del siguiente años también con una fecha en la cáscara, esto es porque la Unión Europea establece una nueva normativa de comercialización de los huevos frescos destinados al consumo humano, es decir, de clase A, con el fin de facilitar el acceso a información relevante de los mismos a los consumidores. La tinta con la que se marca cada huevo debe ser de color rojo y alimentaria.

Es reseñable cómo un objeto pequeño como el huevo puede llegar a encerrar tantas sorpresas. Si bien sus principales beneficios nutricionales son ampliamente conocidos, existen otros que aún no tiene presentes buena parte del gran público y que resultan igualmente interesantes a la hora de comprar huevos, sobre todo por lo que tienen de particular. Es el caso de la concentración de carotenos que posee el huevo, concretamente de dos: la luteína y la zeaxantina. ¿Conoces su relación con la salud ocular humana?

Es bien sabido que uno de los principales beneficios nutricionales a la hora de comprar huevos es su elevado contenido en proteínas. Lo que quizás hayas oído también es que las proteínas del huevo, además, se distinguen por su alta calidad. Es un concepto que cada vez se oye más en el ámbito de la nutrición y la dietética, que a su vez continúa ganando relevancia en la sociedad. ¿Pero qué significa exactamente y qué implicaciones tiene para tu alimentación?