¿Cómo comprobar la frescura de un huevo?

etiquetado de los huevos

¿Cómo comprobar la frescura de un huevo?

A priori, podemos consultar en un correcto etiquetado de los huevos toda la información que necesitemos para su consumo. Pero si nos encontramos en una situación en la que necesitemos comprobar por nosotros mismos su buen estado de conservación, ¿cómo podemos hacerlo? Probablemente hayas oído hablar alguna vez de la popular prueba de flotación del huevo en agua.

Recordemos en qué consiste: es tan sencillo como llenar un vaso u otro recipiente con agua suficiente para cubrir ampliamente el volumen del huevo sin desbordar. A continuación, introduciremos el huevo y de la posición que este adopte podremos extraer conclusiones sobre la frescura –o no– que preserve.

La referencia sería la siguiente:

  • Si el huevo se hunde en el fondo del vaso, en posición horizontal, está en óptimas condiciones de consumo.
  • A medida que el huevo pierde la horizontalidad podemos atribuirle una mayor antigüedad, pero mientras permanezca adherido al fondo del vaso sigue considerándose perfectamente comestible.
  • Si el huevo no llega a aposentarse en el fondo, es desaconsejable su consumo, y si flota completamente se trata de un huevo podrido.


¿Hasta qué punto es fiable para determinar la
frescura del huevo esta prueba cuyo origen se pierde atrás en el tiempo? Los especialistas coinciden en señalar que resulta considerablemente fidedigna. De hecho, los más duchos en la materia son capaces incluso de estimar las semanas que hace que fue puesto el huevo.

¿Y cuál es, entonces, la explicación de este fenómeno? Se debe al progresivo aumento de la cámara de aire que existe en el interior del huevo, a medida que su contenido de agua se evapora a través de los poros de la cáscara a lo largo de los días. Una vez que esta cámara alcanza cierto volumen, el huevo comienza a flotar.

Desde Granjas Redondo te recordamos, eso sí, que solo es aconsejable llevar a cabo esta prueba si vas a consumir el huevo justo a continuación, ya que al mojarlo se puede debilitar la cáscara y por lo tanto hacerlo más vulnerable a los agentes microbiológicos. Por otro lado, existen algunos otros indicios en los que fijarse para ver garantizada la frescura del huevo, como la consistencia de la yema al abrirlo.

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